Tercera Partida

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Tercera Partida

Mensaje  Johann Brahms el Mar Dic 30, 2008 1:52 pm

18-11-1751. Las Azores.

Entrada la mañana el Queen Anne llegó a aguas de las islas Azores. Nuestro destino era la isla de Faial, en cuyo puerto estaban fondeados orgullosos El Arrecife, un galeón español, el Ribeira da Flores, una fragata portuguesa y La Buenaventura, una goleta que no mostraba país de origen. Nuestro barco no tiene espacio en puerto, de forma que quedamos fondeados a media milla. El capitán, el oficial y los suboficiales salen a puerto a bordo de un bote, y son recibidos por el coronel Luis Dasilva, que es quien revisa los permisos del Queen Anne y quien recibe los regalos pertinentes de los representantes ingleses.

Una vez resuelto este tramite, los hombres toman tierra. Es el momento de disfrutar de esos dos días de permiso, el día 20 a las 7 de la mañana el barco zarpará, y ya no hará escalas hasta nuevo mundo. Los hombres lo saben, así que su intención de pasarlo bien en las islas es máxima. Las tabernas se abarrotan, la cerveza corre, los juegos de cartas y las apuestas hace a muchos de los hombres perder la compostura, las mulatas se preparan para hacer su negocio…

Mientras toda esta fiesta transcurre, en otro lado de las Faial se lee a los siete amotinados sus acusaciones y se procede a ahorcarlos. Casi podría decirse que sus muertes forman parte de la fiesta general en la isla.

Jack y Declan acompañan a Rick y los O´connor, integrados perfectamente en la algarabía general. Uno, borracho perdido olvida sus obligaciones, otros con sus típicos trapicheos y hurtos generales en una partida de cartas, Jack mirando la libra y pensando si será suficiente para pagar todo ese alboroto…Fue un buen día aquel en las Azores, y en esto que llegó la noche.

Oye, donde está Randall?

No se, ahora vendrá…

Creo que pasará una buena noche con esa mulata, su primera noche…no?

Sus sueños empiezan a hacerse realidad, solo le quedan las calles de oro.


Y ese curioso grupo , a excepción de Randall, pasó la noche en la playa, haciendo guardias para no perder lo poco que les quedaba.

19-11-1751. Las Azores.

El escozor en la piel despertó a los hombres, el Sol quemaba con justicia ya en lo alto. Jack y Declan estaban más curtidos, pero los blancos irlandeses pasarían varios días enfriando las quemaduras.

Aug…,umm…ufff, como huele aquí, me duele…donde estoy? Una habitación oscura…y con piedras en la pared. A que taberna me fui a dormir anoche? Umm, esto…donde estas mulatilla?

Era Randall el que despertaba en tan mal estado, a oscuras, salvo por un pequeño ventanuco en una fría pared de piedra y rodeado de una nube de mal olor. Estaba preso, preso en Orta, en el castillo junto a la ladera del volcán de la isla. No tenía la camisa, lo que facilitó que se viera varios tatuajes amorosos dedicados a una tal Clementine. La resaca no le ayudaba a recordar, no sabía el tiempo que llevaba en ese estado.

Aquella mañana los O´connor y Jack empezaron a preocuparse por la falta de Randall. Nadie lo había visto, nadie sabía de él…la juerga quedaría para más tarde. Había que encontrar a Randall. La mañana pasó entre averiguaciones y preguntas, sin tener mucho éxito. Ya era la hora de comer cuando recurrimos al dueño de la taberna del día anterior, donde pensábamos trabaja la mulata con la que se fue Randall. El tío no perdió la oportunidad de hacer negocio, y se puso a hacer averiguaciones, a cambio por supuesto, de una buena cantidad de chelines. Solo nos quedaba esperar a que este tipo diera con alguna información.

Era media tarde cuando el tipo volvió con lo sucedido. Clementine, la mulata de Randall, había aparecido muerta en la playa, violada y asesinada. Randall, borracho, yacía a su lado. Los militares le habían juzgado rápido, y ahora estaba preso a perpetuidad en la cárcel de la isla. A todos nos costó digerir lo que nos acababan de contar. Nos preguntábamos cómo era eso posible, cómo podía Randall hacer una cosa así…porque iba a pagar a una puta cuando después pensaba matarla…Los O´connor estaban abrumados e impotentes, Jack pensando las posibilidades de volver a traer al Queen Anne a un hombre del que era responsable. Parecía que el segundo día en la isla no iba a deparar muchas alegrías.

Nada más salir de esa taberna Jack se percata de que alguien sigue al grupo. Rick, ágilmente se hace cargo de la situación, embosca a nuestro perseguidor y le da caza. Se trababa de un joven muchacho que tenía la camisa de Randall. Decía haber cobrado una libra por seguirnos, de un hombre elegante, con el que había quedado a las 8 en una posada de la plaza. Parecía que teníamos una pista a seguir…pero todo saltó por los aires cuando Declan y William empezaron a discutir en plena calle por un puñal…puñal en mano de William. Pasaron segundos antes de tener a dos soldados portugueses preguntándonos por el incidente. El resultado, todos presos, Jack, por hablar, el primero.

Menos mal que éste episodio no fue considerado una falta grave por el juez de la isla, y nos impuso una multa de una libra, sin cárcel. Al menos le habíamos quitado la libra al muchacho que causo este incidente, y pudimos salir de allí.

Al menos podíamos seguir averiguando que había pasado la noche anterior, lo que quedaba de tarde se esfumo entre preguntas y preguntas, y en una de éstas acabamos en la casa de uno de los tatuadores de la isla. Este, después de casi arrancarle la cabeza a Jack de un golpe y viendo el vil metal en manos inglesas accedió a contarnos un episodio de la noche anterior. Al parecer, Randall, ebrio, una mulata de nombre Clementine y un hombre muy arreglado y elegante, de porte noble y aspecto inglés, habían pasado por su casa para tatuar al O´connor. Lo curioso es que el trabajo lo había pagado el elegante noble que les acompañaba. No sabíamos quien era este hombre, pero nuestras sospechas indicaban que de alguna forma había afectado a la situación de Randall.

Mientras tanto, en la cárcel, Randall intentaba salir de allí llamando a los guardias en principio y más tarde hablando con sus compañeros de presidio. Uno era un viejo sin una pierna, que parecía estar medio loco, divagaba de historias pasadas y se afanaba en cazar ratas y beber el agua de los demás. Hablaba en una de sus historias de un pirata, L´Hermite, que al parecer había sido atrapado por los portugueses hace poco, y también dejo caer algo sobre un túnel que pensaba utilizar para escapar. El otro presidiario apenas hablaba, estaba sentado, escuchando. Solo hablaba para mandar callar a Randall, y a ese viejo loco con el que estaba haciendo migas.

Llegaron las ocho en la isla y nos encaminamos a la taberna que nos indicó el muchacho para ver quien era ese hombre misterioso. Haciendo preguntas a la concurrencia averiguamos que ese hombre era “el barón”, así se le conocía en la isla. Se alojaba en la casa del gobernador y al parecer les unía la amistad. Todo pintaba cada vez más negro para Randall. Y mientras pensábamos que hacer, hizo su aparición el sujeto citado. Un tipo elegante, de porte noble y vestimentas inglesas hizo su entrada en la taberna, fue a su mesa y empezó su fiesta particular. Varias mulatas acudieron junto a él, mientras que el resto miraba esperando que pagara alguna ronda. Nos quedamos mirándonos, y ahora qué? Sin mucha convicción, Jack se acercó a su mesa. Sin pruebas, sin argumentos sólidos, solo con una historia basada en habladurías, ese barón no tardó en deshacerse de Jack. Estábamos igual que antes…o quizá un poco peor. Quedaban menos horas para la marcha y el barón parecía inmune a cualquier habitante de la isla.

Jack se marcha a la calle, esperando que ese barón salga de la posada. Al rato, éste sale con las tres mulatas de su brazo, Jack observa como Declan y William van tras él. Los sigue de lejos. Parece que se encamina a casa del gobernador, a continuar su fiesta personal. Declan y William llegan hasta la misma puerta de la casa del gobernador, y una vez allí, casi están a punto de colarse dentro, sin tener muy claras las intenciones.

De repente, un carruaje sale de la casa, sólo se ve al cochero pero parece que el gobernador va dentro. Toma dirección a la playa.

Mientras Jack intenta llegar al Queen Anne, para buscar al capitán Fisher y comentarle lo del barón, Declan y William salen corriendo calle abajo tras el carro. Al rato dan con el carro, en la playa, en una de las zonas más oscuras y silenciosas de la isla. Declan se acerca sigiloso y detecta la presencia de una figura al lado del carro. Se acerca a ella sin revelar su presencia y consigue situarse a su espalda. Con un calcetín y una piedra a modo de cachiporra noquea al individuo. Parece tratarse del cochero. Declan le maniata y le quita las ropas, para ponérselas él. Casi al poco llega una figura de la playa…

William, vámonos…

Era la voz del barón, que no ha reconocido a Declan. El barón sube al carro y Declan, despacio, intenta hacerse con el manejo del carro. Que hacia este hombre en la playa? Y por qué vuelve solo? El carro, torpemente, salió de nuevo con dirección a la mansión del gobernador. Mientras, William revisa la playa. De donde supuestamente venía el barón. El lugar parece desierto, salvo quizás, por un rastro extraño que acaba dentro del mar.

Declan acelera el ritmo del carro, mientras que en su mente se teje un plan. Con una violenta maniobra empotra el carro en una calle perpendicular a la principal, para acto seguido, asaltar al barón, aturdido tras el impacto. Cuando Declan entra a por éste, descubre que no hay nadie en el carro, una trampilla abierta en el suelo revela lo sucedido a Declan. Sale a la calle y sale corriendo en busca del barón. La calle es oscura y silenciosa, sin testigos de lo que pueda ocurrir en ella.

Mientras, esa misma noche en la cárcel de la isla está sucediendo algo anormal. Randall se aferra a la casi imposible existencia del túnel que comenta el viejo loco cuando de repente alguien desde el exterior comienza a hablar con el otro preso. Para sorpresa de Randall y del viejo, los hombres son parte de la tripulación de L´Hermite, el pirata…el tío que está con ellos es el mismo pirata!! Sus hombres han venido a sacarlo. Después de discutir la forma de sacara a su capitán, deciden recurrir a la pólvora, no hay tiempo que perder. Una gran explosión resuena en la isla, los piratas han hecho saltar los barrotes y L´Hermite junto a sus hombres, sale corriendo por las murallas de la cárcel. Buscan su barco atracado en la playa norte de la Faial. Randall se apresura en llegar hasta la celda del capitán pirata, la que tiene el ventanuco sin barrotes, es su única oportunidad de salir de la cárcel. En el último momento se apiada del viejo sin pierna y le ayuda a salir con él. Ambos consiguen salir por el ventanuco y llegar a la muralla. Con el tullido a cuestas, Randall va saltando de muro en muro, y va evitando los disparos de los portugueses apostados en las almenas. No son disparos a las piernas no, son disparos a matar. El viejo ruega a Randall que no le deje allí tirado, le dice que tiene un barco en la playa norte, un barco con el que poder escapar. Casi cuando Randall lo ha conseguido, tiene que decidir si seguir a L´Hermite y sus hombres hasta su barco o hacer caso al viejo loco y buscar su propio barco. En el último momento y ante un disparo cercano, se decanta por la opción del viejo loco, casi encomendándose a dios. Corre a más no poder hasta una cala, con los portugueses pisándole los talones y con el viejo cada vez más pesado…al llegar donde le había indicado el viejo no había barco alguno, el mundo se le echó encima a Randall, cuando, de repente, entre unos matojos de playa, apareció “el barco” del viejo, un viejo bote, pero que aún podía navegar. El irlandés y el viejo pirata se adentraron en el mar, dejando a los portugueses atrás, en la cala…

20-11-1751. Las Azores.

La noche está muy avanzada, la escena del coche del gobernador empotrado en una calleja junto con la explosión en la cárcel puso en alerta a toda la guardia portuguesa. William y Jack habían encontrado al cochero maniatado y lo habían liberado. Acudieron en busca de la guardia portuguesa para devolver al pobre hombre. Mientras, en puerto, los hombres del Queen Anne, comenzaban a acudir prestos a abandonar la isla. William y Jack estaban por allí. No sabían nada de Randall, ni de Declan, apenas quedaban minutos para zarpar. William, preso de nervios, abandonó el lugar en un último intento de encontrar a Randall. Jack sabía que ese hombre no abandonaría la isla sin su primo. Habló con el capitán Fisher para demorar la salida del Queen Anne, y de no tratarse de William, el capitán no habría accedido a hacerlo. Pasaron casi tres cuartos de hora de espera. En ese periodo llegó a la formación Declan. Estaba fatigado, un poco pálido, apenas comentó lo que le había sucedido.. El capitán dio orden de embarcar, no podía esperar más. Ya en el barco, todos los hombres salvo los O´connor se preparan para zarpar. Pronto resuena la orden de levar anclas. El Queen Anne, lentamente, comienza de nuevo su travesía a nuevo mundo.

Capitán, un bote viene remando hacia el barco señor, de la parte norte de la isla.

Como? Umm, virad el barco! Veremos de quien se trata.


El tramo fácil del viaje había concluido, el Queen Anne se disponía a afrontar la parte más difícil de la travesía a nuevo mundo…
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