Sexta Partida

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Sexta Partida

Mensaje  Johann Brahms el Mar Dic 30, 2008 1:56 pm

22-12-1751. Llegada a Nuevo Mundo.

Todos los hombres acudieron a proa y asomaron sus cabezas para intentar ver mejor el horizonte. Acababan de escuchar el grito que llevaban semanas esperando. Después de tantas calamidades, las costas acantiladas y pantanosas de un territorio incierto habían hecho aparición al frente. Todos los hombres estaban entusiasmados, al fin sus penurias concluían. Al fin, sus sueños podían hacerse realidad.

Sin embargo, unos pocos se dieron cuenta de que aquello, con cierta desilusión, no era Georgia. Aún habría que remontar la costa. El único que parece tener claro donde estamos es el capitán Fisher, que da órdenes de aproximarse hasta dos kilómetros para luego poner rumbo norte con navegación de cabotaje.

A pesar de no ser nuestro destino, todos tenían la sensación de que el viaje estaba llegando a su fin.

La Florida, territorio español, no podemos bajar a tierra.

Poco a poco las horas del día van dando lugar a la noche. Al doctor le parece ver una pequeña barca en los pantanos, y tal vez una figura humana entre la maleza. Pero luego lo pierde de vista. Horas más tarde se hace evidente que las gentes del lugar vigilan desde tierra las maniobras de nuestro barco, indígenas de piel oscura y caras y pecho pintados. Y en sus miradas no hay ni un atisbo de bienvenida.

Lady Rebecca comenta en privado que su prometido la espera para celebrar el matrimonio, ninguno se conoce aún. Es lo que llaman un matrimonio concertado, algo muy normal entre la nobleza de estos días.

Y la noche se hizo en la costa de Florida. Tambores rítmicos acompañan cánticos de los indios. El aire huele a peligro y Jack no pierde de vista la costa. Con ayuda de una antorcha arrojada, consigue ver unos segundos las figuras flotantes de unos cuerpos alargados, como troncos, y le parece que varios indios van en ellos.

Capitán!! Esos indios!! Vienen al barco!! Aléjelo de la costa!!

Y en verdad que aún, cerca de la costa, esa tribu se disponía a llegar en esos troncos hasta la goleta.

Pero justo cuando el señor Fisher dio la orden de internarse en el mar, sonido de armas de pólvora llegaron hasta el navío. Disparos y ladridos de perros provocaron sorpresa y gritos de pánico en los indígenas. Los españoles los estaban atacando.

La Buenaventura volvió a su rumbo, dejando que transcurriera el resto de la noche.

23-12-1751. El río Savannah.

Justo en el crepúsculo, el vigía indica que por proa aparece un faro. Algunos a bordo conocen de la existencia de un faro justo en el delta del río Savannah. Caras de alegría se apoderan de nuevo de los tripulantes, pero no tardan mucho en desaparecer. Abajo, en la bodega, cinco hombres luchan contra una cruel enfermedad, y el despensero Cole parece haber perdido la batalla.

A medio día se da la triste noticia de que Cole ha muerto. Muchos en cubierta piensan en los otros cuatro marineros que aun se debaten por llegar sanos a Georgia, entre los que están William y Randall O´connor. Todos son conscientes de que sin ellos, difícilmente nadie habría llegado tan lejos.

Al anochecer la goleta se interna en el delta del río Savannah, dejando el faro atrás y Fisher da la orden a Jack y Frederick de buscar una tela amarilla que colgar en lo alto del mástil. Muchos saben que es lo que quiere decir esa señal. Enfermedad, cuarentena, y por los casi ya exhaustos tripulantes surca la idea de permanecer anclados en el río otros cuarenta días más.

24-12-1751. Savannah.

Cuando Jack despierta esa mañana descubre extrañado que en cubierta solo está Frederick, aun adormilado.

Frederick…levanta. Estamos solos, sabes que ha pasado aquí?

Ambos descubren que, en efecto, la cubierta está sola. Jack va hacia el camarote del capitán y lo encuentra sobre la mesa, con un fuerte golpe en la cabeza. Para su alivio, el capitán sigue con vida.

Doctor!! Está aquí? Venga!, el capitán está herido!!

Como? Ya voy ya voy!!


El doctor volvía de la bodega, de ver el estado de los enfermos, y llevaba ya con ellos largo tiempo. Subió lo más rápido que pudo y pronto se dispuso para sanar la herida de la cabeza de Fisher.

Casi no quedaba nadie en el barco y las sospechas apuntaban que, ante la más que posible cuarentena que iban a sufrir, el contramaestre y muchos de los hombres, incluso el padre!! Habían aprovechado la nocturnidad para tomar los botes y remar hasta la ribera. De hecho, un poco más abajo en la ribera oeste, podían verse dos botes, los que faltaban de la goleta.

En una situación tan lamentable, Jack pasó a ser segundo de a bordo, y Frederick el timonel. Apenas tras este suceso una goleta procedente de la ciudad surcaba el Savannah hacia nosotros. Iban a subir al barco, pero al decirles que llevábamos enfermos, tuberculosos frenaron su avance, y nos dieron orden de echar el ancla, y permanecer a la espera de la llegada de un medico de la ciudad.

Y a media tarde llegó la misma goleta, con varios soldados ingleses y el médico que avisaron, el cual, además, parecía tener la autoridad.

El capitán Fisher, Jack, Frederick , el doctor y Rick era la única tripulación visible de la Buenaventura. Izaron un bote y subieron al doctor y cuatro soldados a bordo. En sus miradas había claros indicios de que no se fiaban, y no dudarían en dispararnos si no colaborábamos.

Lo primero que hacemos es identificarnos y aclarar nuestra situación y acto seguido hablar de las cuatro personas que aun están en la bodega. Lleva cierto tiempo que las autoridades portuarias constaten la veracidad de nuestras palabras y mientras tanto el médico ordena que tanto los sanos como los enfermos nos sometamos a un nuevo chequeo en cubierta. Así, los cuatro afectados de la bodega suben a cubierta, guardando unas distancias de precaución y uno a uno, todos los presentes son revisados por el médico portuario. De este nuevo chequeo, Randall sale bien parado mientras que William y los otros dos marineros son catalogados como “no aptos”.

El capitán también hace referencia a la fuga que ha habido durante la noche y entrega una lista a las autoridades con los nombres de los desertores. Una orden de búsqueda y fusilamiento pesa ahora sobre ellos.

Antes de volver a puerto, el médico portuario nos deja comida y agua fresca. Nuestra una opción es esperar a que vuelva y nos indique que harán con nosotros. Aun desconocen que un niño deforme y una mujer viajan con nosotros.

Ya casi anocheciendo, el mismo médico vuelve a subir a la Buenaventura.

Señor Fisher, usted debía haber llegado hace tres semanas a bordo del Queen Anne, es correcto?

Así es.

Bien, me consta que transportaba un importante documento. Haremos una cosa. Entrégueme ese documento y a continuación podrán bajar a tierra todos aquellos que sean “aptos”.

He dado mi palabra de que entregaría ese documento en mano a su destinatario. Me temo que no podré aceptar sus condiciones.


Y ante la negativa del capitán, el médico portuario sentencia cuarentena. El barco deberá permanecer anclado hasta que se levante, bajo su criterio, la misma, y si realizara alguna extraña maniobra, seremos cañoneados y hundidos.

Parecía increíble, pero estando a apenas media hora de puerto, el viaje se nos prolongaba a saber cuantas semanas más.

Dicho esto, los soldados ingleses y el médico portuario se dispusieron a abandonar la goleta.

Una voz de mujer interrumpió la marcha.

No tan rápido! Aguarde un momento señor!

Como? Pero quien es usted?

Soy lady Rebecca Oglenthorpe, y creo que conoce mi apellido. Este hombre es el verdadero capitán Fisher del Queen Anne y la tripulación presente es quien dice ser.

Pe pero…

Nada de peros, están esperando mi llegada en la mansión Worlow y el capitán ha de acompañarme, como portador del documento que ha de entregar al barón Reynolds, futuro gobernador de Georgia como atestigua el documento firmado por los diecinueve comisarios. Y como dice que se llama?

Ehr…teniente O´boilan de la armada británica mi señora, haré que la lleven a tierra ahora mismo.

Quiero que todos bajen, si no fuera por ellos, no habría llegado aquí.


La aptitud de O´boilan cambió radicalmente, y no pudo hacer menos que asentir a lady Rebecca.

Una expresión de sorpresa se apoderó de los presentes, habían realizado el viaje a bordo junto con una Oglenthorpe, seguramente la hija de James Edward Oglenthorpe, y de ser así, Eugeni era…

Finalmente, y después de tantas penurias, quienes no estaban enfermos tomaron un bote hacia puerto, en sus rostros había alegría, pero aun persistía la duda ante la separación de William y el resto de enfermos. En tierra, lady Rebecca fue separada de nosotros, mientras que el resto fue conducido a un barracón. Había camas, una estufa y comida caliente. El capitán y su caja estaba con los demás.

Y poco a poco , aquella pequeña representación del Queen Anne se abandono al merecido descanso en una cama, ya por fin en tierra firme.

Otros, más desdichados, pasarían la Nochebuena en la cubierta de un barco al que le restaban pocas horas de vida…

25-12-1751. Savannah.

El barco fue incinerado al amanecer, acabando con la amenaza de la enfermedad. Los tres afectados fueron conducidos en un carruaje a la plantación Wormlow, así lo había querido lady Rebecca. Ellos fueron testigos de lo que ocurría con Eugeni, pero siendo hermano de la dama, es de suponer que fue sacado de su camarote en las horas más oscuras de la noche.

En tierra poco a poco los hombres fueron despertando. Hoy no había que limpiar la cubierta, ni reparar las velas, nada, solo esperar. Aprovecharon para asearse y cambiarse la ropa. Sobre las diez de la mañana un casaca roja entro a buscarlos, para acto seguido conducirles hasta la plantación Wormlow.

Allí se encontraban ya William y los otros hacia un buen rato. Les había recibido un mayordomo negro, que les condujo hasta una senda que llevaba hasta unas ruinas de un fuerte, y un estanque vacía que tenía unas escaleras hacia abajo. Con cierto respeto buscaron al anfitrión en aquel lugar.

A eso de medio día la comitiva encabezada por el capitán Fisher, caja en mano, hizo su entrada en la lujosa plantación. Y fue el mismísimo lord Novell Johns, amigo de la familia de lady Rebecca y uno de los fidecomisarios, quien nos recibió. Nos agradeció todos los esfuerzos hechos y accedió a invitarnos a un te con pastas en su salón. Cuando nos dirigíamos al lugar citado, nos encontramos con William y los marineros, y presentaban un aspecto inmejorable. Les habían tratado en la plantación y vestían ropas nuevas y caras afeitadas.

Ahora al fin, muchos dieron rienda suelta a la alegría que habían contenido desde que llegaran a Nuevo Mundo.

Después de pasar un rato muy agradable y tras las promesas de que los salvadores de lady Rebecca iban a ser justamente recompensados, lord Novell Johns nos invito cortésmente a abandonar la plantación. Tenía varios asuntos que resolver. Nos indicó que había un hospedaje que podríamos usar mientras aclarábamos nuestra nueva situación. La compañía corría con los gastos de comida y mantenimiento. Y así, a media tarde la comitiva llegaba a una casita en Savannah, propiedad de la compañía de las Indias. Poco después Fisher se despedía, ya que él no tenia permiso para asentarse, debía volver cuanto antes a Inglaterra. Eso sí, partió con la promesa de volver a despedirse antes de zarpar, y se ofreció a ser portador de un objeto del difunto John y de cartas para familiares. También, y por la misma razón, los dos marineros se separaron de ellos.

Jack se percató de que ese día era Navidad y se la deseó feliz a todos, aunque a juzgar por el ajetreo en las calles, allí en Savannah la gente no dejaba de trabajar ni en el día del señor.

Al poco llamó a la puerta un hombre con gafas y bien vestido, portando pluma y varios documentos. Dijo llamarse Simon Retford, y era representante de la compañía de las Indias. Parecía bastante molesto, tal vez alguien le había sacado de su casa para que nos atendiera…y no le había sentado nada bien no. Hizo varios comentarios desafortunados mientras nos explicaba los pormenores de la actualización de contratos. Además, el “contrato” de Jack finalizaba el día de Navidad y eso requería más papeleo y cierta indecisión por parte de Jack.

Otro comentario del tal Simón hizo que Jack saltara en respuesta.

estos que les facilitan todo…aburguesados que no saben lo que es dar un palo al agua…

que dice usted? Facilidades? aburguesados? Que no sabemos lo que es trabajar?

Dios bendito, cállese esa boca amanerada y dedíquese a hacer su trabajo, chupatintas!!

Como dice? Acaso no sabe a quien represento, pordiosero?

Esta bien…salgamos fuera, elija usted, pistola o sable, y veamos si se atreve a decir eso de nosotros otra vez.


Calma Jack, clámate, no merece la pena.

No hizo falta que la sangre llegara al río. El tal Simón, bastante impresionado se limito a repartir y explicar unos documentos. Eran contratos diferentes a los de pasaje, ahora íbamos a servir a la compañía como colonos exploradores. El sueldo era el mismo, si bien había la posibilidad de obtener tierras y el pasaje para que las familias, atrás en el viejo mundo, pudieran reunirse pronto con sus hombres. Muchas eran las casillas que quedaron en blanco en los contratos, si bien Simon Rerford salió con todos los contratos firmados bajo el brazo, incluido el de Jack.

Aún quedaba algo de sol. Era buen momento para pasear y descubrir las maravillas de la ciudad de Savannah.

Juntos, el doctor Flynn, Rick, William, Frederick, Randall y Jack partieron rumbo al nuevo mundo por descubrir.
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Johann Brahms

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