Octava Partida

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Octava Partida

Mensaje  Keron el Dom Ene 08, 2012 2:35 pm

Habiendo encontrado el templo de Isis en la Isla de Files, el comando alemán se dispuso a buscar el objeto que debían encontrar. Fue relativamente "fácil" dar con el templo en cuestión pues evidenciaba las características más importantes de los templos egipcios. En su interior encontraron señales de que alguien ya había trabajado en su interior pues había varios relieves y dibujos en la roca o bien en mal estado al haberlos estropeado y dañado, o bien habían sido arrancados de algún modo. En la base de las dos torres que servían de entrada había dos efigies enormes, cada una del tamaño de una habitación. La experiencia previa ante estatuas que podían cobrar vida y moverse les mantuvo alerta dentro del templo ante el temor de que pudiese volver a ocurrir. Habiendo encontrado en un lateral del templo lo que parecía una cerradura, los soldados alemanes debían buscaban algo que sirviese como llave.

- Dietrich, está herido. Vaya a vigilar la costa, no queremos invitados -ordenó el oficial Brams.

De tal modo, mientras Dietrich vigilaba por la zona del pequeño embarcadero, el resto de hombres se internaron en el templo en busca de algún indicio. La orden del oficial al mando fue acertada, pues al cabo de unas horas una barcaza cargada de unos 20 hombres con bandera inglesa se acercaron hacia la isla. El soldado bajó corriendo con el brazo aún herido tras el tiroteo en las arenas.

- ¡Señor! Una barcaza con bandera inglesa. Van a desembarcar, y parecen armados -dijo entre jadeos el soldado tras la carrera desde la costa.

Rápidamente el oficial intentó impartir varias órdenes para situarse a las afueras del templo y así conseguir una posición ventajosa, pero todo quedó truncado al comprobar que la barcaza no había llegado al embarcadero y que habían atracado antes, en algún lugar accesible desde el agua. Más de una docena de hombres armados se dirigían hacia el templo acompañados de otros dos hombres de tez muy blanca pero enrojecida por el sol del lugar. ¿Investigadores? ¿Profesores? ¿Religiosos?

- ¡Maldición! -gruñó el oficial-. Rápido, escóndanse dentro del templo y que nadie les vea. En lo alto de las torres, y ni una sola señal de nuestra presencia. ¿Entendido?

Los soldados ocuparon lugares escondidos y resguardados dentro del templo esperando un cambio en aquella situación pues desarmados y en inferioridad poco podían hacer. Vieron cómo tras instalar un campamento a la entrada del templo, uno de los hombres que no parecían soldados entró en el templo e hizo varias señas en las efigies a la entrada, manchando la cabeza de estas con algo y recitando unas palabras. El temor a que cobraran vida aumentó entre los alemanes, cosa que no ocurrió. Mientras el hombre permaneció en el templo, en la parte más interna, el resto de soldados británicos comenzaron a montar algo en el exterior del templo pues tenían poleas, numerosos maderos, e incluso una grúa.

Con tan poco margen de maniobra, el comando alemán esperó hasta la noche, cuando el hombre que había entrado en el templo salió de este y regresó pero ataviado de una túnica y una antorcha. A su lado iba el otro hombre con un pico y algo más en sus manos. Ambos avanzaron seguidos del resto de soldados. En la parte media del templo recitó varias palabras, lo que provocó que los pelos de cada hombre presente se erizasen y sintiesen algo terrible. Pero tan solo fue una sensación. Entonces siguieron avanzando, y los soldados que iban tras ellos colocaron varias antorchas a lo largo de un pasillo. Los soldados quedaron atrás y los otros dos avanzaron hasta el final. Entonces, frente a un enorme mural, el hombre volvió a recitar algo a la vez que el otro picaba en la piedra. De ella sacaron un objeto que el agente Redmon no llegó a ver claramente, pues fue el hombre que consiguió acercarse más a estos durante todo el proceso del "Ritual". Tan solo escuchó algo relacionado con "El Rito de Memfis".

Todos abandonaron el templo, momento en el cual, el soldado Redmon abandonó también el templo siguiendo a la comitiva británica. A las afueras del templo, en el lateral donde habían descubierto horas antes una cerradura, los ingleses habían construido una pasarela anexa al templo. Llegaron hasta la cerradura e insertaron el objeto que habían conseguido. Entonces la roca templo y pareció gritar. Un túnel quedó a la vista, donde los soldados se internaron mientras en el campamento apenas quedaban 4 ó 5 hombres. Era el momento que habían estado esperando.

Keron

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