Quinta Partida

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Quinta Partida

Mensaje  Johann Brahms el Mar Dic 30, 2008 1:56 pm

22-11-1751. A bordo de la goleta.

La visión desde la goleta se antoja cruel. El galeón pirata herido de muerte apenas deja ver unos centímetros de costado, mientras que junto a él, el Queen Anne emerge ya sólo por proa. Algún que otro cañonazo intenta impedir la huida de la goleta, pero las rápidas instrucciones del capitán Fisher salvaguardan su integridad.

Pocos son los supervivientes a bordo de la goleta:

LISTA DE NOMBRES (y el niño deforme)

En esos primeros días la tripulación se afana en aprender el manejo del nuevo navío y poner distancia con las islas Azores. Con rumbo incierto, la Buenaventura surca los mares durante tres días.

25-11-1751. A bordo de la Buenaventura.

El doctor Flynn lleva tres días tratando a los supervivientes más heridos, entre los que destacan Rick, Rebecca, Frederick y Jack. Estos dos últimos recuperan el conocimiento tras la gran perdida de sangre, y aun débiles, son capaces de conversar y recordar la situación en la que se encuentran.

28-11-1751. A bordo de la Buenaventura.

Muchos de los heridos ya pueden levantarse de la enfermería, dar pequeños paseos y hablar, siempre y cuando no realicen mayor esfuerzo que ese. Todos salvo la dama, lady Rebecca solo ha tenido contacto con el capitán y con el señor Flynn desde que despertó de su sueño y en la tripulación corren rumores de que la pobre ya quedará desgraciada para siempre.

La goleta surca el mar acompañada de un clima cálido, sofocante. De los más de ciento cincuenta pasajeros con los que partió el Queen Anne, sólo veintitrés personas aspiran ya a alcanzar las costas del nuevo mundo.

Una de esas mañanas Jack se dirige a hablar con el capitán a su camarote, y la expresión de este no augura nada bueno para el resto del viaje. Sobre la mesa del capitán un mapa revela un posible destino, las costas de unas islas con una península al norte; Jack no reconoce Georgia en ese mapa. Las reservas de agua son mínimas por no hablar del mal estado y escasez de la comida de a bordo. Y sin embargo, no hay posible vuelta atrás, ya que la determinación de Fisher de llevar a Eugeni (así parece llamar al niño deforme por error el capitán) es poderosamente fuerte. Tal vez, si se cruzaran con un barco mercante inglés, los hombres que quisieran volver podrían hacerlo sin miedo a represalias, pero a Jack le da la sensación de que esa posibilidad es muy remota.

Jack y Frederick, empezaran de nuevo a trabajar en el barco. Jack se encargara de tomar anotaciones de la velocidad del navío, midiendo las brazas con una cuerda, cada cuarto de día. Apenas 10 brazadas de cuerda (o nudos) son los que alcanza la goleta. Muchos a bordo saben que con esa velocidad nadie llegará a ningún lado. La Buenaventura navega en completa calma chicha y parece no haber rastro de la corriente del caribe.

Por otro lado, Rebecca parece haber recuperado completamente la conciencia, y lo que es más grave para ella, recuerda el ataque del tiburón y observa su vendaje en la pierna. El doctor Flynn es quien está con ella en un principio, y a pesar de que ella quiera saber lo ocurrido, el doctor se las ingenia para contestar con evasivas. La dama deja caer que su prometido la está esperando en el nuevo mundo y más tarde requiere la presencia del capitán, desea hablar a solas con él. Flynn no tiene más remedio que salir del camarote.

Ese mismo día en la enfermería, William recupera la conciencia y se hace cargo de la situación en la que todos nos encontramos. Sus heridas le permiten salir a pasear, llenar sus pulmones con el aire marino, hablar. En su paseo se encuentra con Jack, y mientras ambos hablan de su salud y la de sus familiares un golpe de viento llena las velas de la goleta. De la calma chicha la Buenaventura pasa a navegar con viento a favor. Este hecho sube la moral hundida de los tripulantes. Alguien escucha como el contramaestre comenta tonel capitán algo de “haber posibilidades”.

30-11-1751. A bordo de la Buenaventura.

Aquella mañana Rebecca sospecha con crudeza lo que el vendaje oculta en su pierna y harta de las evasivas del doctor rompe en gritos de rabia, gritos que el resto de tripulantes pueden escuchar. William, que vivió en primera persona el incidente del tiburón, comenta que a la dama le falta gran parte del gemelo de su pierna. Lady Rebecca quedará coja de por vida.

El viento que les acompañaba esos días ha desaparecido, y con él, la poca esperanza del capitán.

2-12-1751. A bordo de la Buenaventura.

Los últimos días ha sido el propio capitán quien ha atendido a la dama, ya conocedora de su verdadera situación. En un hueco, Jack busca de nuevo al capitán en su camarote. Nada más verlo, Jack detecta que su moral está por los suelos. Además, sobre su mesa, para asombro de Jack, hay un objeto muy peculiar, una polvorera. Por un momento a Jack le pasa por la cabeza la posibilidad de que el capitán haya decidido dejarle solos el resto del trayecto. Abandona el camarote y acude a su puesto para tomar nuevas medidas, pero antes pide a un marinero que eche un ojo al camarote del capitán “por si le ocurriera algo”.

Una braza, dos,…cinco,…quince,…veintitrés. Sorprendido Jack cuenta otra vez las brazas, veintisiete.

Capitán!! capitaaaan!! El barco marcha a veintisiete nudos!!


Mezcla de alegría y sorpresa la nueva velocidad se escucha por todo el barco. Muchas caras reflejan una sonrisa, la alegría ante la posibilidad que se les abre. Entre ellos la del capitán, que ordena comprobar esas cifras varias veces.

No hay duda, el barco ha encontrado una corriente, la corriente del Caribe. Ese mismo día, Will empieza su labor, ahora como vigía.

3-12-1751. Hacia el Mar Caribe.

William estaba terminando una colilla a media mañana, en lo alto del mástil. De pronto divisa un punto blanco en el horizonte, por popa. Parece un velamen, un barco con cuatro mástiles. En su bandera aparece un león. Sin duda se trata de un barco español y por la velocidad que lleva, pronto nos dará alcance. Entre la tripulación surge la historia de la batalla de la oreja de Jenkin, gracias a la cual Georgia es aún inglesa (James Oglenthorpe inflingió una humillante derrota a los españoles, que eran mayores en número).

Pronto el navío español nos da alcance, y se intercambian señales de parlamento. El capitán, Frederick, William, el doctor y Jack acuden en un bote hacia el galeón español, que manda otro bote al encuentro. Después de una primera vista, y la pertinente identificación, los españoles den su beneplácito para que subamos al galeón. Ya en su cubierta, somos recibidos por el capitán Julián Domínguez de Arconada, trabaja para la compañía de Sevilla, directo competidor de la compañía de las Indias. Pronto somos objeto de mofas por nuestro aspecto y por el barco. Además el capitán español nos insta a explicar cómo hemos acabado navegando en un barco pirata. Toda la conversación es en francés. Jack hace las veces de intérprete. Surgen ciertas hostilidades y mofas hacia nosotros, y preguntan por la posibilidad de que naveguemos con una mujer a bordo. Al parecer han recogido a los piratas naufragados que dejamos días atrás y son ellos quienes les han dado esa información, insisten en la identidad de la dama, pero nos negamos rotundamente. Además, ante nuestra petición de agua y comida para suplir nuestra creciente necesidad, ellos primero se ríen, y más tarde, nos coaccionan con la identidad de la dama. Nuestro capitán, como buen inglés, no cede a estas presiones y cuando ya nos volvíamos con las manos vacías pero con nuestro honor intacto ocurrió algo terrible.

Buahhhh, buahhhh! Por favor algo de agua para unos pobres desamparados buahhhh!!, por caridad cristiana dadnos un poco de agua buahhhhhhh!!!

Atónitos, los españoles observan como uno de esos ingleses se gira y se pone a llorar y suplicar por agua al don Julián. La escena es drástica para los ingleses presentes, y de puro regocijo para los españoles. Varios siglos de entereza y fama inglesas se van por las aguas del jardín de popa. Don Julián, divertido y a punto de romper en risas, concede un barril de agua.

Los tripulantes de la Buenaventura vuelven al barco humillados y vencidos…pero eso si, con un mísero barril de agua. Poco después el galeón español adelanta a la goleta empequeñeciendo aun más a los ingleses, gritando burlas y mofándose de “nuestros” llantos.

La goleta continuó su rumbo durante dos días más, dos días en los que el doctor era victima de miradas y comentarios oscuros. Ese barril de agua le había costado muy caro a toda la corona inglesa.

5-12-1751. Hacia el Mar Caribe.

Lo más destacable durante estos días es que lady Rebecca pide hablar con el doctor Flynn para que éste le hable sin tapujos de su herida de la pierna y de las consecuencias reales que acarrearán a su salud. Flynn le comenta todo sin esconder detalles.

8-12-1751. Hacia el Mar Caribe.

Aquella mañana William se acerco al camarote de la dama. Pronto comenta a su manera que a pesar de su herida en la pierna seguía siendo una mujer muy bella. Luego se interesa por su identidad, probando suerte. Lady Rebecca, de forma educada, no responde la pregunta, pero hablando de su hermano, Eugeni, comenta algo de internarlo en una institución en un lugar llamado Bethesda. Rebecca pide a William salir a pasear fuera del camarote y este pide ayuda a Frederick. Escoltada por los O´connor la dama pasea por primera vez en muchos días por la cubierta de la goleta. Pronto se fija en el camarote con candado cerca del capitán.

Por favor, quiero ver a mi hermano, decídselo al capitán.

El capitán consiente en esta petición, y pronto ambos hermanos se encuentran frente a frente. Eugeni reconoce perfectamente a su hermana y se atisban rasgos de ternura entre ambos.

9-12-1751. Hacia el Mar Caribe.

El barco se interna en una fuerte tormenta, y se suceden varios días de peligrosas maniobras. El problema acuciante del agua se ve resuelto de inmediato.

14-12-1751. El Mar de los Sargazos.

Esa mañana William, en su puesto de vigía cree ser victima de alucinaciones. El barco navega como horas antes, pero ahora lo hace por un campo verde, una pradera que se abre a ellos desde todas partes. Pero el barco flota. Los veteranos reconocen enseguida el Mar de los Sargazos, y con el su peligrosidad. El capitán da las órdenes oportunas y se instruye a los más nuevos en tareas para apartar las algas del barco, que más despacio ahora, sigue su curso. Son dos días tensos por el peligro que entraña y las leyendas que circulan de este mar. Además, viejos cascarones de barcos hundidos aparecen de vez en cuando, atrapados por una maraña de algas verdes.

16-12-1751. El Mar de los Sargazos.

Poco a poco, las algas son cada vez menos y la goleta gana cierta velocidad, el peligro va desapareciendo a la vez que se aleja el Mar de los Sargazos. La buenaventura recupera su velocidad en busca del Caribe.

21-12-1751. El Mar Caribe.

Nuevas tormentas reponen las reservas de agua. William, después de pasar un rato de confesión con el padre, vuelve a su puesto de vigía. Al poco comienza a ver cosas extrañas a babor (izquierda). Pronto descubre con sorpresa que son los restos de un naufragio, un naufragio de un gran barco, y al parecer un hace mucho de él. El capitán, consulta con la tripulación, y entre todos deciden acercase al lugar.
Barios barriles flotan a la deriva, un tesoro para nosotros, más agua y comida. El capitán descubre que son los restos de un navío español, tal vez el galeón que nos asistió hace varios días. Después de recoger lo que pueda sernos de utilidad y comprobar que no hay supervivientes partimos del lugar.

Algunos a bordo saben que nos encontramos en aguas del Caribe, dentro de la zona conocida como Triangulo de las Bermudas. Los rumores sobre historias de fantasmas y monstruos marinos surgen entre la tripulación y un halo de misterio y miedo se apodera de los hombres el resto del día.

Tal vez, piensa Jack, el galeón se haya llevado al fondo del mar el recuerdo del incidente del doctor Flynn y su barril de agua.

22-12-1751. El Mar Caribe.

Un marinero da la voz de alarma y busca desesperado al doctor Flynn. El marinero John lleva largo tiempo esputando sangre. Para cuando el doctor puede asistirle, ya es demasiado tarde. John espira ante la mirada triste de sus compañeros. Una nueva amenaza azota a la tripulación, la tuberculosis hace surgir de nuevo los peores temores. Hay que deshacerse rápido del cadáver y tomar las precauciones debidas.

Flynn inicia un chequeo a todos los supervivientes de la Buenaventura y pasa los resultados al capitán Fisher. Este anuncia que los hombres que hayan mostrado síntomas de la enfermedad han de ser apartados a la bodega, separados por compartimentos con sábanas. Después comunica que hay afectados, cinco en total y por el bien de todos han de aceptar esta medida de precaución.

Tras ver que todos los hombres más o menos aceptan esta medida procede a dar los nombres.

El despensero, dos marineros, Randall y William. Los cinco son llevados a la bodega. El despensero es quien más afectado parece.

Y mientras el doctor está con ellos en la bodega paliando en lo posible la situación alguien, desde lo más alto del mástil grita:

Tieeeerraaaaaaaaaaaaaaa!!
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